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Pasada la media tarde, rondando mil y un verso en su mente como poso tras la lectura de un bonito libro que reposa en sus manos, sumida en un silencio casi místico, camina bajo los eucaliptos frondosos del lugar, llega tarde, su cita era a las 8 , siempre es puntual, pero leer a Mario Benedetti la distrajo de tal modo que perdió la conciencia del tiempo; en su caminar fue dejando caer hojas escritas por ella, eran sentimientos evocados tras la lectura, al volver la vista atrás, vio sus hojas esparcidas por el sendero semejando un libro abierto a punto de ser leído, para alimentar las mentes de las personas que allí paseaban, un golpe de viento se las llevo sin saber cual sería su destino final; ahora comprendió Thessa eso de que las palabras se las lleva el viento, pero lo escrito permanece.
Quizá terminasen en el lecho del mar, estaba muy cercano, quizá en un barco de pesca, quizá en el anzuelo de un pescador lugareño, o en manos de un aficionado a la poesía que los secará y guardará en un buen lugar.
Siguió caminando hacia ese mar que tanto amaba, donde había quedado con esa persona que aun no ocupaba su corazón pero que de seguir así, sin duda en poco tiempo lo haría.
Sentado en la terraza de un bar, acurrucado en la silla de teka, reposaba, acompañado de una estampa de absoluta soledad, corrió a su lado, el extendía sus brazos, con movimientos protectores y mendigadores, al acercarse pudo contemplar sus manos ajadas por un laberinto de rayas que hablaban de su pasado victima del engaño, una línea dibuja un refugio en el presente, otra predice claramente que “hoy” no tendrá mañana.
Sus ojos brillan ante su mirada, no es compasión lo que sienten, se forma un túnel imaginario entre ellos, todo es ajeno a su momento especial y el propósito sellado en sus miradas es pasar el umbral del tiempo juntos, vivir los años como segundos, recomponer sus realidades aunque ello lleve a desnudar su fragilidad, quizá la arbitraria suerte les reserve algún bien en la encrucijada.
Cae las lluvia, las gotas humedecen sus rostros, sin hablar caminan asidos de la mano por el empedrado, un silencio solo violado por el ruido de los pasos les rodea, los sueños y deseos se agolpan en tropel, navegan en el mismo barco, manejando el mismo timón, nunca más afrontaran las tormentas en solitario, soplan vientos favorables aunque el mar no esta en calma.
La lluvia cae con más intensidad, a riesgo de perderlo todo abre sus ojos, todo esta vacío, busca esa mirada que no encuentra, a lo lejos, rondando el horizonte acierta a ver una figura flaca de andar cansino, camina en dirección opuesta, supongo que capeando la suerte de su propio temporal…¿Que ha pasado? se pregunta Thessa, me temo que ha sufrido un lapsus y todo lo acontecido ha sido fruto de su imaginación bajo el embrujo de la poesía...
...Y discurre otro día con número de serie que nos indica que la vida tiene fecha de caducidad.
Besitos…tere.