No esperaba que tú acudieras aquí,
mi dios no me avisó, para no verme feliz,
no sabía que hoy o mañana quizás,
entre la niebla fugaz
que es mi tiempo impreciso,
cual una esquirla de luz,
blanca, roja o azul,
violeta lo más, me vinieras a ver
sin saberlo quizás, bienvenida dondes estés,
porqué no llegarás, pues ni hay ningún tren
anunciado a destino de Karelia y el frío,
de una familia tormento, del roce
más cercano que se debe evitar
y no lo dejas fugar de la cama inciensario,
un lugar donde de creer es el amor total,
sin barreras, sin voces,
que troceen las noches
con sus golpes malditos a un alma infantil
que no me quiso seguir...
Sabes que no serás la que yo querré,
que tus piernas van a flaquear, tu voz temblará
y te hará decir no! lo tengo dibujado,
tantas noches soñado, realidad que se cae
de la ciudad fantasmal... tú no me querrás,
ni mi sombra vencida por una luz marginal,
ni mi silueta de chica que se desnuda
ante espejos de corazones hermosos,
pero de convexos pecados que evitan el besar
a un rostro real: siempre aparece
mi hermano, yo aparto los labios,
él entristece sus ojos... hay mundo sideral
que lucha contra los dos desde que el fuego
nació... Bienvenida a mi lugar,
nada para pelear, ninguna bandera que alzar,
ni oración que rezar, ni canción que entonar...
Como la lluvia vendrás, como la niebla
en silencio, va borrando la ciudad,
emergida del muelle y que recala
en las cimas suaves de las viejas colinas,
como la lluvia del mar, como la niebla
del frío, como la desazón de un lugar
con tantos espacios vacíos, tu voz una voz más,
tu cuerpo será mi vida, otro árbol que talar,
otra sangre caída de las manos que arañan.
Ni me han dicho quien eres, no confían en mí,
no me han dado tu nombre, tu pasado, tu fin,
eres solo lo que apunta un alba cargada
de nubes de tormenta, un ataque voraz:
para al agua llevar las flores del jardín.
Y mi querida especie está a una distancia que yo
no puedo alcanzar con mi aliento de amor, mis brazos
de prisión, mi palabra letal: tú.
Tú me llevaste hasta ser una hierba del mal,
entre un paraje familiar, donde la poda
era el deporte de amar, de todo recortar, de callar,
de mirar, de espiar... y nada más.
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Supo que ya no existía pero que sus libros deberían estar en algún lugar entre los hombres(María Laura Gandolfo)















