Siento la necesidad de escribir y no sé. Por eso concentro mi cuerpo, lo hago pequeño, la intensidad debe abrir chorros a la imaginación. Sé que no puedo escribir nada que piense. Porqué ahora no pienso casi nada, me duele la cabeza y en mi cerebro hay algunas musiquitas, nada más. Pero quiero hacer saltar letras y que se peguen a la pantalla. Quiero crear un pequeño mundo, un espacio limitado, un rincón donde se respire cierta esencia particular. Algo que sea mío y que se quede por ahí, quizá volando como una mariposa bajo el sol. No tengo nada, ningún tema, no se me aparece una inspiración, no hay rayos en mi mente que me traigan frases que yo apruebe. Estoy desnuda, aquí dentro solo escucho ciertos rumores que parecen decir: "déjalo ya y véte a dormir". O: "Tengo hambre, me duele el estómago, debo ir al frigorífico y cazar un yogourt aunque esté muy frío". Pero yo sigo tecleando esas suaves teclas de plástico o yo que sé de qué. Y no necesito mirar a la pantalla para saber que estoy alineando las letras como si fuera un mariscal de campo ante sus pobres soldados. No tengo nada que decir pero al menos estoy diciendo que no tengo que decir. Y que la falda se me cae por un lado, se ha descosido. Y también puedo empujar a esas teclas dóciles cual esclavas a pegar en la pantalla poco a poco que ayer ví una bonita película española, de Fernán Gómez: "La vida sigue". Dura, un drama que se escapa y unas vidas que se odian porqué la pobreza las ensucia. O que besé de nuevo a... no os importa el nombre. Pero ayer domingo tuve un reencuentro feliz. ¿Será por esto que no me sale nada para contar? ¿Porqué no me siento mal, ni triste, ni sola, no puedo escribir que estoy sola, triste, que me siento mal y luego empezar a contar cosas de barcos hundidos en alta mar, de pies comidos por las ratas, de casas viejas que se arrodillan ante la calle... de chicas que huyen a medianoche? Si soy feliz no tengo nada para escribir. Aún cuando lo deseo, como ahora lo deseo, mi cuerpo no da más.
Lo siento. Hubiera querido dejar una hermosa narración impregnada de tristeza como de lluvia fina, con doble sentido, amoral, turbia... no he podido hacerlo. Ayer me encontré de nuevo con. Y hemos empezado algo viejo/algo nuevo ignorando como somos. Cuando nos rompamos otra vez podré sacar de mi pecho relatos desgarrados. Ya estoy esperando a que ello suceda.
____________
Supo que ya no existía pero que sus libros deberían estar en algún lugar entre los hombres(María Laura Gandolfo)














